Nueva York está de moda. Louis Vuitton se suma a la tendencia de convertir la Gran Manzana en pasarela con su colección Crucero 2027, donde Nicolas Ghesquière presentó un viaje visual entre París y Nueva York. Presentado en los salones del museo The Frick Collection, el desfile se instala en la intersección del arte clásico y la cultura pop, con una maleta intervenida por Keith Haring como punto de partida.
Louis Vuitton colabora con Keith Haring y es la nueva obsesión pop
Una colaboración que surgió de una pieza intervenida por el artista
La ciudad que nunca duerme aparece como un collage de identidades en movimiento, donde el uptown convive con el downtown. El universo de Ghesquière traduce esa tensión en una propuesta que se desplaza entre épocas, mientras París aporta el savoir-faire que ordena el caos creativo. La colección se construye desde esa fricción entre dos ciudades que funcionan como códigos culturales para la industria.

El hilo conductor sale de los archivos de la Maison: una maleta de los años 30 intervenida por Keith Haring que transforma el objeto en lienzo. El gesto conecta directamente con la energía del arte pop y la idea del artista de llevar el arte a todos los espacios posibles. En ese cruce cultural, el objeto se convierte en símbolo de circulación cultural, donde esta pieza antigua se reactiva para el presente.

La colección presenta denim, cuero y siluetas relajadas que conviven con referencias gráficas del universo de Keith Haring. Elementos de cultura urbana, estructuras automotrices y guiños al imaginario neoyorquino aparecen reinterpretados al más puro estilo Vuitton. Cada uno de los looks está pensado para construir un guardarropa donde lo cotidiano se eleva a objeto de deseo con una estética vibrante y pop.
Las celebridades nunca faltan en un desfile de Louis Vuitton, y este no fue la excepción. En el front row estuvieron Zendaya, Anne Hathaway y Oprah Winfrey, convirtiendo el desfile en un punto de convergencia entre moda y entretenimiento. Con esta nueva colección Crucero 2027, Vuitton reafirma su posición como una “Maison cultural”, en sintonía con el imaginario contemporáneo, donde cada prenda dialoga con el arte y la ciudad.


